(Por: Felipe González)
Como lo anticipé anticipadamente en mi tercio de plana del viernes pasado, dejé el garete mis obligaciones laborales, para aposentarme en la décima fila del segundo tendido de sol de la plaza de toros México.
Desde ahí —ni tan cerca ni tan lejos, pero el único lugar disponible— vi dos faenas del valiente José Tomás, que dejó satisfechas mis expectativas. Porque no se puede torear más cerca ni más quieto. Porque no cualquiera logra que 30 mil personas enmudezcan o griten ¡olés! a todo pulmón, con sus muletazos naturales, derechazos o las ya clásicas manoletinas y estatuarios. Porque no se puede exponer más que lo que José Tomás expone, ni hacerlo con tanta lentitud y clase.
Renglones aparte se merece Arturo Macías, El Cejas, torero de Aguascalientes que salió a dar el todo por el todo. Con muy mexicanas gaoneras, por ejemplo. Con entrega y afición, y esas ganas de agradar al público que ahora le hacen falta a tantos toreros, ganaderos y empresarios.
No iba a hablar del tema porque a mis cuatro lectores les viene valiendo sombrilla cómo estuvo la corrida. Pero dado que me enviaron, con muy mala intención, la convocatoria a una valla humana contra las corridas de toros, tuve que reivindicar mi afición por la fiesta de los toros.
Y decir que las vallas y manifestaciones contra la fiesta brava me causan gracia. Cierta ternura. Y algo de piedad.
Porque alrededor de este “cruel espectáculo” —como le llaman y del que piden su “abolición definitiva”— hay historia y tradición, que sólo conociendo se comprenden.
Por lo demás, la organización convocante, AnimaNaturalis, llama a una “protesta pacífica… para manifestar públicamente el rechazo de la sociedad mexicana” a las corridas de toros.
Luego entonces, la exaltación de los defensores de no se qué —pero detractores de la fiesta brava— los lleva a pensar que “la sociedad mexicana” son ellos y los que gustamos de los toros no formamos parte de esa masa amorfa, adonde conviven fanatismos diversos e intolerancias varias. Pero donde debería prevalecer el respeto.
¿Que no les gustan los toros? Pues allá ellos. ¿Que a mí no me gusta el futbol americano? Pues ni modo.
Aquí hay de todo, como en botica.
Pretender que por unos centenares se vaya a abolir un espectáculo, una tradición y hasta un arte, me parece desmesurado.
Y que se manifiesten, que es su derecho. Y que dejen que otros cuantos miles ejerzamos nuestro derecho a divertirnos como se nos pega la gana.
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La diferencia entre la tauromaquia y el fútbol, es que en lo segundo no sufren y mueren seres inocentes.
Creo que no puedes comparar las corridas de toros con el fútbol americano (donde todos los participantes son voluntarios). Yo sí estoy completamente en contra de las corridas de toros, sé lo que es un muletazo, una verónica, una gaonera, sé dónde surgen las corridas y cómo fueron evolucionando… y me parece que nada de eso justifica la tortura y matanza de animales que no pidieron estar ahí. Que entrañe historia y tradición? Eso qué? Ha habido innumerables tradiciones que fueron abolidas por entrañar sufrimiento o muerte, y las corridas de toros son un claro ejemplo.
Personalmente estoy segura que la tauromaquia está perdiendo cada vez más afición, por obvias razones. En mi caso y aunque cuando era niña (edad a la cual te obligan a hacer muchas cosas que no quieres) me llevaban a ver las corridas, yo he roto con esa afición absurda en mis parientes y es una certeza que jamás les inculcaré algo tan degradante a mis descendientes.
Saludos antitaurinos.
Sr. Director del diario Portal, qué vergüenza que publiquen artículos como el de éste señor, fomentando la tortura y muerte de animales disminuidos para la diversión de alcoholicos y sádicos. Este espectáculo forma parte de residuos arcaicos deplorables, que están por desaparecer pronto en Europa; en la mismísma España, 71% de los ciudadanos los rechazan. Si siguen existiendo, es porque, como en México, son financiados y difundidos con recursos públicos, CON NUESTROS IMPUESTOS, que quisiéramos ver empleadosen la educación, la salud, y en la verdadera cultura! Si existiera la democracia en este país y se hiciera un referendum, hace muchoque no tendríamosque tolerar que en nuestro país, donde el principal problema junto con la pobreza es la violencia, se siguieran llevando a cabo estas actividades que están íntimamente ligadas con la criminalidad y la violencia familiar; la policía de todos los países civilizados lo saben y lo han probado desde hace 30 años, pero aquí seguimos hundidos y dominados por mafias e intereses que están por encima del derecho. ¡Hay que terminar con esto YA!
Lamentable artículo…
Es increíble que en pleno siglo XXI alguien pueda publicar una frase como: “que dejen que otros cuantos miles ejerzamos nuestro derecho a divertirnos como se nos pega la gana”, cuando dicho “derecho” consiste en gozar con el terrible y gratuito sufrimiento ajeno, con la tortura y despedazamiento de un ser vivo e inerme, sensible y consciente!
Qué triste es constatar que los demás países progresen y evolucionen mientras en el nuestro siguen habiendo espacios de expresión para gente de éste nivel tan bajo -si no nulo- de moralidad, de consciencia y de cultura, que persisten con inaudito cinismo en llamar a esta vilísima carnicería que son sus corridas “arte” y “tradición”.
¡Cualquier sociólogo, filósofo, historiador, artista etc., sabe que estas prácticas no son más que una masacre y una vergüenza, y los mexicanos debemos esforzarnos resueltamente por erradicar esta barbarie para siempre!
Señor Felipe González ¿Cómo alguien puede tener ideas tan retrogradas? ¡No concibo tenga un espacio en el medio!
Las fiestas de toros son indignas, reprensibles, bárbaras y dignas de ser extirpadas.
“Las corridas de toros son un vicio de nuestra sangre envenenada desde antiguo”.
BENAVENTE Martínez, Jacinto 1866-1954 Premio Novel, Dramaturgo
¿Lo conoce? No creo con una actitud tan arcaica!
¿Qué arte puede haber en hacer sufrir a un animal hasta la muerte? No es posible que ya en el siglo XXI sigamos con ideas tan absurdas como la de ver en la tortura de un animal un espectáculo
Se debe de erradicar esta “tradición” tan bárbara